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Inicio Blog Un fin de semana en Hotel Tahití Playa pensado para no pensar en nada
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A veces no hace falta una semana entera para sentir que hemos descansado. Un par de noches frente al mar pueden ser suficientes para cambiar de ritmo, dormir sin despertador y disfrutar sin una agenda que cumplir. En Hotel Tahití Playa, un fin de semana puede transcurrir entre paseos junto al Mediterráneo, ratos de piscina, yoga, pilates, un masaje o simplemente tiempo para decidir sobre la marcha qué apetece hacer. Una escapada corta en Santa Susanna para dejar durante unas horas las obligaciones a un lado y volver a casa con la sensación de haber aprovechado el tiempo de otra manera.

¿Cuánto tiempo necesitamos para sentir que realmente hemos descansado? Tendemos a asociar la desconexión con vacaciones largas, muchos días por delante y una agenda completamente despejada, pero no siempre hace falta tanto. A veces, un par de noches son suficientes para cambiar de escenario, dormir sin despertador y recuperar esa agradable sensación de no tener nada urgente que hacer. Un fin de semana frente al mar puede servir precisamente para eso: dejar durante unas horas las obligaciones en casa y permitir que los planes aparezcan únicamente cuando apetecen.

LLEGAR Y DEJAR QUE EMPIECE EL FIN DE SEMANA

El viernes tiene algo particular cuando sabes que al terminar el día no vas a volver directamente a casa. Sales del trabajo, cierras el ordenador, preparas una maleta pequeña y unas horas después estás en un lugar completamente diferente. No necesitas llevar demasiadas cosas porque tampoco hay un programa que cumplir. Dos noches caben en poco equipaje y, precisamente por eso, la escapada empieza con una sensación de ligereza que cuesta encontrar en viajes más largos.

Llegar a Hotel Tahití Playa, dejar las cosas en la habitación y salir a la terraza puede ser suficiente para marcar el cambio. El Mediterráneo está delante y el fin de semana entero todavía por estrenar. Quizá apetezca bajar a pasear, tomar algo tranquilamente o quedarse un rato contemplando el mar antes de pensar en la cena. No hay una decisión correcta ni una lista de imprescindibles que completar. El viernes puede empezar exactamente así, dejando que las primeras horas indiquen cómo quieres vivir las siguientes.

EL MAR CUANDO NO HAY QUE APROVECHAR CADA MINUTO

Una escapada corta puede provocar justo el efecto contrario al que buscamos si intentamos concentrar demasiadas cosas en dos días. Visitar, recorrer, reservar, llegar a tiempo, aprovechar cada hora… y terminar el domingo necesitando descansar del propio fin de semana. Elegir bien dónde alojarse permite plantearlo de otra manera, especialmente cuando muchas de las cosas que apetece hacer están cerca.

En Santa Susanna, el Mediterráneo acompaña prácticamente todo el día. Desde Hotel Tahití Playa, la playa está a unos pasos y el paseo marítimo permite caminar sin necesidad de decidir previamente hasta dónde llegar. Puedes salir después del desayuno, acercarte a la orilla o continuar caminando mientras siga apeteciendo. Barcelona queda a un lado y Girona al otro, pero durante estas dos noches quizá no haga falta ir a ninguna de las dos. A veces, el verdadero lujo de una escapada está precisamente en saber que hay muchas posibilidades alrededor y elegir quedarse.

UN SÁBADO SIN UNA AGENDA CERRADA

El sábado puede empezar más tarde de lo habitual. Despertarse sin alarma ya cambia bastante las cosas, pero también lo hace saber que después del desayuno no espera ninguna visita programada. Puede apetecer playa, piscina, un paseo o simplemente prolongar la mañana antes de decidir qué hacer. Tener opciones no significa tener que utilizarlas todas.

Para quienes quieren dedicar una parte del día a cuidarse, en nuestro hotel hay propuestas que permiten introducir algo de movimiento sin convertir el fin de semana en un programa de actividades. El gimnasio, las sesiones de yoga o pilates —que también pueden realizarse al aire libre frente al mar— ofrecen distintas maneras de mantenerse activo. Y si el cuerpo pide exactamente lo contrario, Taurumi Body Care permite reservar un momento para un masaje y dedicar un rato exclusivamente a descansar.

Lo importante es que ninguna de estas posibilidades tenga que convertirse en una obligación. Puede que al llegar pensases que harías yoga y finalmente prefieras seguir junto a la piscina. O que salgas a caminar y termines alargando el paseo mucho más de lo previsto. Cambiar de opinión también debería formar parte de un fin de semana de descanso.

SALIR A CAMINAR SIN NECESITAR UN DESTINO

Hay algo especialmente agradable en salir a caminar cuando no necesitas llegar a ningún sitio. Sin una ruta marcada ni una hora concreta de regreso, el paseo deja de ser un desplazamiento y se convierte simplemente en una forma de pasar el rato. Frente al hotel, el entorno marítimo de Santa Susanna permite hacerlo con el Mediterráneo siempre cerca, siguiendo el paseo o acercándose a la arena cuando apetece.

A medida que avanza la tarde, la luz cambia y también lo hace el ambiente junto al mar. Algunas personas siguen caminando, otras se sientan un rato y hay quien decide volver al hotel porque le apetece tomar algo antes de cenar. Son decisiones pequeñas que durante el resto de la semana solemos tomar condicionados por horarios. Aquí pueden depender únicamente de una pregunta mucho más sencilla: ¿qué me apetece hacer ahora?

EL DOMINGO NO TIENE POR QUÉ EMPEZAR CON LA VUELTA

Uno de los errores habituales en una escapada de dos noches es empezar a pensar en el regreso demasiado pronto. El domingo amanece y enseguida aparecen mentalmente la maleta, el coche, lo que habrá que hacer al llegar a casa y todo lo que espera el lunes. Pero todavía queda una mañana entera y merece la pena tratarla como parte del viaje, no como una simple sala de espera antes de volver.

El desayuno puede durar un poco más. Después todavía queda tiempo para caminar junto al mar, disfrutar de un último rato en el hotel o sentarse tranquilamente antes de recoger las cosas. Incluso preparar la maleta resulta bastante sencillo cuando apenas se ha necesitado equipaje para dos noches. El regreso llegará igualmente, pero no hace falta adelantarlo varias horas en nuestra cabeza.

DOS NOCHES PUEDEN CAMBIAR MUCHO MÁS DE LO QUE PARECE

Quizá un fin de semana no permita olvidarse durante días de la rutina, pero sí puede abrir un pequeño paréntesis dentro de ella. Dormir de otra manera, ver el mar al levantarse, caminar sin un destino concreto, comer tranquilamente y pasar unas horas sin tener que resolver continuamente cosas cambia la percepción del tiempo. El domingo sigue llegando, pero la sensación con la que volvemos puede ser muy distinta a la del viernes.

Y esa es probablemente la mejor manera de medir una escapada corta. No por la cantidad de cosas que hemos conseguido hacer, sino por cómo regresamos a casa después de haber estado fuera.

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